La gloria de la confianza.

Yo atiendo un comercio en la villa.
Nada extraordinario, dirían algunos.
Un mostrador gastado,
una balanza que ya conoce mis manos,
el saludo repetido de cada día.
Pan, yerba, fiado, conversación.
Eso.

Pero aprendí algo con el tiempo:
lo ordinario, cuando se lo mira de verdad,
se vuelve extraordinario.

Porque acá, detrás del mostrador,
la vida entra sin pedir permiso.
Entra con apuro,
entra con vergüenza,
entra con bronca,
entra con cansancio.

Y yo estoy acá.
No para salvar a nadie.
Solo para estar.

Hoy entró una mujer.
No fue distinto a otros días…
y, sin embargo, algo se movió adentro mío.

La vi antes de reconocerla.
Fue su forma de mirar.
Esa mezcla de firmeza y distancia.
Como quien no espera nada…
porque ya aprendió a no confiar.

Mientras me hablaba,
yo ya no estaba del todo ahí.
Había vuelto a otro tiempo de mi vida.
A un tiempo donde yo era el que entraba
en otros lugares,
con la esperanza tímida
de que alguien creyera en mí.

Y no pasó.

Recuerdo bien esa sensación:
cuando alguien te mira
como si no alcanzaras.
Como si lo que sos
no fuera suficiente.

No sos médico.
No sos profesional.
No sos esto.
No sos aquello.

Y uno empieza a achicarse solo.
A dudar.
A callarse.

Esa mujer…
sin saberlo,
me devolvió a ese lugar.

Pero algo era distinto.
Porque hoy yo ya no soy el mismo.

No estudié medicina.
No tengo títulos colgados en la pared.
No escribí libros.
No doy conferencias.

Pero elegí un sendero.
El sendero de quedarme.
De escuchar.
De no pasar de largo.

Elegí aprender de la gente.
De sus silencios.
De sus formas de pedir ayuda
sin decirlo.

Acá, en este comercio,
aprendí que una palabra
puede ser alivio
o peso.
Que una mirada
puede confirmar una herida
o abrir una posibilidad.

Mientras la mujer buscaba lo que venía a comprar,
me habló de algo simple.
Un problema cotidiano.
Nada grave.

Pero su voz traía otra cosa.
Traía cansancio de cargar sola.

Y, sin pensarlo demasiado,
le hablé desde ahí.
No desde el saber.
Desde la experiencia.

Le dije algo sencillo.
Tan sencillo que podría pasar desapercibido:

—Usted no está rota.
Está cansada.
Y eso no es lo mismo.

Se quedó en silencio.
Yo también.

En ese silencio entendí algo que ya sabía,
pero que la vida se empeña en recordarme:
sanar no siempre es curar.

A veces es permitir que el otro
se vea distinto.
Que deje, aunque sea por un momento,
de mirarse desde la falta
y empiece a mirarse desde la potencia.

No le prometí soluciones.
No le expliqué nada complejo.
Solo le hablé
como alguien que sabe
lo que es no ser creído.

Cuando se fue,
me agradeció más de lo necesario
para algo tan pequeño.

Y ahí lo comprendí:
mi propósito no estaba en ser otra cosa.
Estaba en ser esto.
Este hombre.
En este lugar.
En esta esquina del mundo.

Porque la confianza no nace
cuando alguien te dice que podés,
sino cuando alguien
no te reduce a lo que no sos.

Hoy sé que la gloria de la confianza
no hace ruido.
No se anuncia.
Sucede.

En un comercio.
En una palabra justa.
En una presencia que no juzga.

Y alcanza.

Porque cuando alguien se va
un poco más liviano
de cómo llegó,
algo profundo
se ha sanado.
Aunque nadie lo vea.

Historias de la villa que pasan aquí y allá. Me pasa, te pasa, nos pasa. Historias alteradas, integradas y ampliadas de la villa…

17 comentarios

  1. Cuantas veces nos encojemos por palabras erroneas que nos lanzan…. es tan simple dar algo para que el otro reciba un poco de luz… como no voy a conectar con tan acertado ensayo.

  2. Hermoso, super atrapante. Me hizo recordar cuando daba clases de bachata para adultos. Pero ellos venían a las clases no solo a bailar, sino a liberarse, a encontrar consuelo, a olvidarse de los problemas y otras cosas que nunca sabré. Más de una vez me agradecieron por haberlos incentivando a animarse y continuar creciendo, porque sin eso, hubieran abandonado algo que les ayudaba a sanar.

  3. Muy lindo Claudia ..hoy no no damos cuenta del poder de la palabra de la mirada y la escucha empatica de una sonrisa .Es muy bueno y pasa en todos los niveles cuando estamos mal

  4. Muy bello el escrito. Me emocionó hasta las lágrimas.
    Será que en algún momento de mí vida fui esa mujer cansada que perdió la confianza?!
    Nací y me crié detrás de un mostrador en una Despensa de barrio en un pueblo del norte de la provincia.
    Nunca me fue indiferente el sentir de la gente! Más de los niños! No sé si es porque que soy observadora o por qué ,a veces, uno nace con «ese don» o simplemente u ordinariamente y extraordinariamente «ese mostrador» me enseñó a serlo?
    Me quedo atesorando esta frase del texto:
    «Porque la confianza no nace
    cuando alguien te dice que podés,
    sino cuando alguien
    no te reduce a lo que no sos.»

    Gracias Claudia

  5. Es tan cierto que un gesto,
    una mirada,
    una sonrisa
    o una palabra
    de un desconocido nos puede cambiar…
    O le podemos cambiar la vida a otra persona.
    Y no necesitamos títulos
    ni tener demasiado dinero.
    Basta con llegar en el momento justo con lo que nos acaricia el alma.
    Gracias por compartir!!!
    Gracias por exitir!!!
    Gracias por cruzarte en mi vida!!!

  6. Exelente definición de una persona que tiene otra perspectiva de mirar como las personas tienen sus problemas a través de una simple mirada La rutina que tiene la persona de mirarnos siempre a los ojos le da una conclusión de nuestro ánimo Me parece una excelente definición.

  7. La verdad, un escrito que te lleva a pensar y darse cuenta que, muchas veces cuando encontramos a algún lugar, llegan las palabras justas y consejos que necesitan ser escuchados.

  8. Me encantó el tono coloquial! Excelente uso de varios discursos atravesando al texto! Algún otro lector , yo y seguramente Claudia, podemos rastrear cierta «intertextualidad» en esos discursos de los que hablo más arriba.

  9. Dos frases que me impactaron: sanar no siempre es curar! La confianza no nace cuando alguien te dice que podes sino cuando alguien no te reduce a lo que no sos ! Muchas gracias

  10. Hermoso, muchas veces miramos , pero no vemos. Ver al Otro como un ser integral es un acto de humanidad. Es comprender que así como nosotros somos luz y sombra, fuerza y fragilidad, el Otro también lo es. Y desde esa mirada completa nace el respeto verdadero, el diálogo sincero y el amor que no reduce, sino que abraza la totalidad. Gracias por compartir.

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