En una escena de la película La duda, el padre Flynn dice: “La duda puede ser un lazo tan poderoso y sostenedor como la certeza”, frase que me causó una reacción corporal más allá del nivel racional… ¿qué quiere decir esta frase? Mejor dicho, ¿qué me dice a mí?
Todo mundo ha experimentado en algún momento de su vida la duda, al igual que la certeza, con los efectos que ambas sensaciones provocan en quien las está sintiendo, algunas veces sin que seamos plenamente conscientes de ellos.
La duda, por lo general, se experimenta como algo desagradable, mientras que la certeza, por el contrario, suele provocar bienestar. La duda nos detiene en la toma de decisiones y la certeza nos impulsa a elegir conscientemente lo que consideramos como la mejor opción. Aquí es donde toma sentido la frase del padre Flynn, pues duda y certeza tienen un gran poder sobre la persona, que se manifiesta de diferentes maneras, con resultados opuestos e igualmente significativos.
Por otra parte, la duda puede llevar implícita una intención positiva, que podemos traducir o interpretar como una invitación a cuestionarnos de fondo respecto de alguna situación. Esto nos permite considerar posibles beneficios y desventajas que implica tomar una decisión. Así que, cuando experimentemos la duda, sería recomendable mirarla (mirarnos a nosotros mismos dudosos) con compasión, con entendimiento o al menos con curiosidad, y agradecerle la intención con la que se presenta ante nosotros.
También es posible que la certeza, en algunas situaciones, juegue en contra nuestra, sobre todo cuando nos impulsa a tomar decisiones apresuradas y quizá poco pensadas. Pues, una vez que hemos decidido y actuado, las consecuencias pueden no ser reversibles y, posteriormente, podríamos arrepentirnos. Así que sería prudente que, cuando experimentemos una certeza respecto a alguna situación, nos demos la oportunidad de volver a considerar los efectos que puede generar una decisión y las acciones que se desprendan de esta.
A fin de cuentas, me parece que, como dice el padre Flynn, tanto la duda como la certeza suelen sostener dinámicas de relación y comportamientos a lo largo del tiempo, que bien pueden favorecernos o no. Nuestro reto, creo, tiene que ver con mantenernos en apertura tanto a una sensación como a la otra, escuchar sus mensajes con cuidado, darles un tiempo adecuado de vida (en lugar de permanecer indefinidamente en cualquiera de las dos) y soltarlas para permitirnos fluir con lo que aparezca enseguida para nosotros como un regalo de la vida.
Ayuda que le demos su lugar tanto a la duda como a la certeza, sin prejuicios respecto de su utilidad ni de su conveniencia, tan solo asumiendo que, si aparecen en nuestra gama de sensaciones, seguramente es porque existe un mensaje importante de su parte para nosotros. Escuchemos a ambas, aprovechemos lo que nos quieren decir y apoyémonos en ellas para tomar las mejores decisiones, en favor nuestro y de los demás.