El valor de la reparación

Toda relación significativa conlleva la posibilidad de lastimar a quien se ama. Un padre o una madre han lastimado o lastimarán en algún momento a su hijo; un hombre o una mujer han hecho lo mismo o lo harán en una relación de pareja; un buen amigo también ha hecho algo que ha provocado un sentimiento de dolor, traición, decepción, enojo. El denominador común es que son relaciones en las que quien lastima al otro es alguien importante en la vida de ese otro. Aquellas personas que no tienen un lugar importante en nuestras vidas tienen poco poder para lastimarnos.

La pregunta no es si hemos lastimado a otro o si hemos sido lastimados de una u otra manera por alguna persona que es o ha sido significativa en nuestras vidas, sino ¿por qué nos hemos sentido lastimados y cómo hemos afrontado y resuelto esas experiencias?

Además del hecho de que compartimos un vínculo afectivo importante con la persona que nos lastimó o a quien lastimamos nosotros, algo que contribuye a estas heridas es la o las expectativas que hemos construido hacia esa persona; y otro factor que contribuye a que nos sintamos lastimados es el apego o aferramiento a lo que estamos esperando de quienes se supone deberían cuidarnos y responder afirmativamente a lo que esperamos de ellas.

Así que la herida se genera a partir de una relación significativa, con una persona que hizo algo que no corresponde con lo que esperábamos de ella, herida que se profundiza y se mantiene cuando se da un aferramiento, primero hacia la expectativa y luego hacia el sentimiento que esta herida provocó.

Como ejemplo, en una relación de pareja en la que se estableció un acuerdo de exclusividad sexual, y una de las dos partes rompe este acuerdo, cometiendo una infidelidad, lastima a su compañer@, quebranta la confianza depositada, a veces literalmente rompe el corazón del otro, provocando emociones intensas como tristeza, dolor, enojo, rabia. La herida inicia cuando quien fue lastimado mira cómo su expectativa no ha sido cubierta por el otro, se sostiene cuando elige mantener su expectativa sin buscar un acuerdo, cuando no logra expresar su emocionalidad con la finalidad de revisar el acuerdo original y establecer consecuencias a partir del hecho que le lastimó.

Lo que puede ser de ayuda en este tipo de situaciones es que las personas involucradas en la relación se dispongan a conversar respecto a lo que provocó la herida, que asuman cada una la parte de responsabilidad que le corresponde en esto. Quien lastimó requiere reconocer que hizo algo que lastimó al otro y ofrecer una disculpa acompañada de un acto de reparación; quien fue lastimado requiere expresar su emoción de manera asertiva y solicitar un gesto de reparación acorde al tamaño de la herida.

La reparación suele hacer una diferencia importante, pues yo veo este acto como el arte japonés de restaurar los jarrones rotos (Kintsugi), cuyo principal beneficio es propiciar que ese jarrón se mantenga vivo, ofreciendo una perspectiva de belleza ante los ojos de los demás. Así, la reparación propicia que la relación siga viva y tenga la posibilidad de restablecer el vínculo saludable que une a las personas.

Me parece que suena muy sencillo, y en la realidad esto es algo en lo que acompaño a quienes acuden a mi consulta, donde puedo atestiguar la dificultad que este proceso les presenta tanto a quien provocó la herida como a quien fue lastimado. Ojalá que, si estás en una situación como esta, puedas resolverlo por ti mism@, y en caso de que no, ojalá que encuentres un profesional de la ayuda que te acompañe en este proceso.

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