“Es para el pajarito”, dijo ella, una mujer de unos 55 años, más o menos, alta y con el cabello canoso. En una mano llevaba una bolsa y en la otra la correa de su perro. Salía de una churrería y dejó caer unas migajas en la vereda.
“Es para el pajarito”, le repitió a su perro, que intentó comerlas. Él entendió perfectamente la indicación, como si hablar con animales fuera lo más natural del mundo.
Nosotros quedamos atrás y seguimos nuestro camino, pero en mi mente resonó todo el día esa frase. Me llevó a reflexionar sobre los amantes de los animales: los que dimensionan su existencia en tiempo y espacio, los que procuran su vida sin invadirla, los que crean familia y los hacen partícipes.
Entendí que el perro comprendió su lenguaje, y pude imaginarme siendo parte de su familia como especie. Pude imaginarme estando ahí, queriendo pertenecer.
Una mujer, unas migas, un perro y un pajarito: una escena simple, una grieta de asombro, ternura, empatía y pertenencia…
Pensar en lo lindo de pertenecer a una familia universal.
6 comentarios
Hermoso escrito, Clau. Me sentí reflejada. Esa mujer era yo……con 55 años. Todavía falta un poquito…..Claramente tu narración, cuenta un día mío. Me encantó!
Esa mujer son muchas mujeres que conozco. Gracias por leerme Fa! te abrazo
Una escena simple, una grieta para el asombro….me encantó esa grieta de posibilidad que nos regalan nuestras mascotas! ❤️Gracias por recordarlo Clau!!!
Una grieta para el asombro que nos lleva a pensar más profundo Clauchis! abrazote
Un momento que lo dice todo .
Somos uno solo con la naturaleza y la creación todos pertenecemos l mismo lugar
así es Lucy querida!! abrazote