Una sobrina mía compartió en sus redes sociales la siguiente frase: “Hay personas que ya no están en tu vida, pero nunca salen de tu corazón.” Creo entender el significado que tiene para ella en estos momentos de su vida, y seguramente este significado aplica para toda persona que haya vivido la pérdida de alguien a quien ama, a quien aprecia.
Pensar y sentir de esta manera me parece que muestra la disposición de darle un lugar al dolor que se experimenta (no negarlo, no reprimirlo), vivirlo el tiempo necesario, un tiempo que permita trascenderlo y convertirlo en algo que signifique una manera de honrar la vida y la muerte de quien ya no está con nosotros. Sé que puede ser más difícil de lo que podemos decir, pero estoy seguro de que los efectos de asentir a este dolor para luego poder transformarlo son más favorables que resistirnos a él, negándolo o reprimiéndolo.
Por otra parte, es un hecho que las personas que ya no están con nosotros continúan vivas en nuestro corazón, que el lazo emocional que nos une a ellas permanece, trascendiendo el tiempo y el espacio. Esto me parece que es una elección diaria: decidir mirar a quien ya no está con nosotros a través de nuestra imaginación, de nuestras memorias, de todos los momentos que pudimos compartir con ella.
Creo que esto es una forma de mirar de verdad: mirar más allá de lo evidente, de lo tangible, más allá de nuestras narices, como coloquialmente se dice. No podemos tocar a esa persona ya; tampoco podemos verla como acostumbrábamos hacerlo, ni escucharla o decirle cosas como lo hacíamos habitualmente. Pero sí podemos mirarla con los ojos del alma, a través de nuestra imaginación; podemos decirle lo que nuestro corazón siente con la certeza de que esa persona nos escucha (de alguna manera que nuestro razonamiento no alcanza a entender). Podemos escucharla si tan solo nos quedamos en silencio el tiempo suficiente para que nos diga lo que le gustaría o no le gustaría cuando nos percibe, como nos percibe.
También creo que esta frase toma sentido incluso si la pérdida no necesariamente se ha dado con la muerte de ese alguien a quien amamos. Es posible que la pérdida tenga que ver con una separación física y/o emocional, con una decisión de interrumpir alguna relación priorizando nuestro bienestar, conscientes de que, si nos mantenemos en ella, esto podría representar algún perjuicio para nosotros. Hay amistades y/o relaciones que es mejor terminar, y que, aun terminándolas, es posible mantenerlas en nuestro corazón, sobre todo reconociendo, valorando y agradeciendo por lo que hubo mientras fue vigente, por todo lo que pudimos aprender y los beneficios que eso nos otorgó.
Mirar con una mirada amplia es una invitación para que revises la forma en que estás mirando tus relaciones: vigentes, presentes, y también aquellas que ya no están disponibles para ti.