Las tradiciones

Las tradiciones son algo que compartimos como seres humanos; estas son diferentes dependiendo del lugar donde nacimos y crecimos, de la cultura y de la familia de la cual somos parte. Una de las funciones que cumplen las tradiciones tiene que ver con el sentido de pertenencia: sabernos incluidos en algo más grande, más allá de nosotros como individuos. Además, nos permiten adecuarnos a ciertos convencionalismos que favorecen la convivencia con quienes están a nuestro alrededor y con la sociedad en general.

Recientemente celebramos dos de las tradiciones más universales del mundo: la Navidad y el cierre de un año e inicio de otro. Tradiciones que logran que las familias se reúnan e incluso vivan procesos de reconciliación; que propician la recapitulación de lo vivido, así como la reflexión respecto de los resultados obtenidos. También abren la posibilidad de reconocer no solo los logros que merecen ser celebrados, sino aquello que pudo haberse constituido como equivocaciones o errores que requieren ser asumidos y reparados.

Existen tradiciones muy particulares, propias de grupos más pequeños, como una comunidad de una zona habitacional o incluso de una sola familia, que se mantienen de generación en generación y cuyo significado esencial solo es entendido y compartido por ese grupo. Un ejemplo, dentro de mi sistema familiar, es la tradición de cocinar mole verde el 2 de enero de cada año para celebrar la fecha del nacimiento de mi papá; pero más allá de esto, celebramos su vida y su muerte, algo que mis hermanas siguen realizando después de más de 22 años de su fallecimiento.

Me parece importante mantener nuestras tradiciones, sobre todo aquellas que nos llenan de buenas emociones, que nos invitan a fortalecer procesos de pensamiento positivos y que nos impulsan a realizar acciones que, más allá del beneficio personal, pueden representar la posibilidad de un beneficio colectivo. Tradiciones que nos permiten sostener una identidad individual y comunitaria, que continúan enriqueciéndonos y alimentando nuestro espíritu, nuestra energía y nuestra disposición para ser la mejor versión posible de nosotros mismos.

Igualmente importante es ser conscientes de que no todo el mundo necesita compartir nuestras tradiciones, ni nosotros estamos obligados a compartir aquellas con las que no comulgamos. Ser conscientes de que toda tradición merece ser respetada, siempre y cuando no transgreda los límites de nuestra integridad ni la de nuestra comunidad; reconocer que toda tradición tiene una intención positiva para quienes la sostienen, y mantener una actitud respetuosa hacia estas personas, procurando no pretender que los demás asuman nuestras propias tradiciones como leyes de vida, como si estas fueran las únicas valiosas y verdaderas.

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