Las fichas que caen: sobre lo difícil e injusto

Hay fichas que me caen de golpe y otras que tardan en encontrar su lugar.

Me gusta pensarlas como monedas que giran sin descanso, haciendo ese sonido metálico que parece eterno, como un eco dentro de la cabeza. Son pensamientos que aparecen en mis sueños, en conversaciones casuales, en los gestos de cada día. Ideas que insisten, dan vueltas y vueltas en mi mente, sin terminar de asentarse.
Hasta que un día, sin aviso, la ficha cae. Y en ese instante, todo cobra sentido.

En coaching solemos decir que, para poder intervenir, primero necesitamos distinguir. Ver lo que está frente a nosotros. Y cada mirada es distinta: vemos desde lo que somos, desde nuestra historia, desde lo mejor que tenemos en ese momento para distinguir. Esa es la base. No se trata de que haya una sola manera de ver, sino de que podamos reconocer lo que vemos para empezar a actuar.

Y hay situaciones en la vida donde la ficha que cae nos muestra un tablero que ya está trazado. No partimos de cero. El plano de lo fácil y lo justo ya se superó y no hay vuelta atrás, al menos no de la misma manera. Ese tablero se mueve en dos variables inevitables: dificultad e injusticia.

Algunas experiencias llegan a nosotros ya ubicadas en el cuadrante más complejo: difíciles e injustas al mismo tiempo. No porque alguien lo haya elegido, sino porque el contexto así lo trae, porque la vida a veces nos pone de entrada en un punto de partida cargado.

Y también descubro que lo difícil y lo injusto no vive ahí afuera. Ese cuadrante habita en mí, en la manera en la que miro lo que se me presenta. Es ahí donde me rescatan mis maestras, recordándome que hay otras formas de ver. Tal vez me preguntarían:

  • ¿Qué se refuerza en vos cuando solo ves un escenario difícil e injusto?
  • ¿Cómo sería mirarlo desde la aceptación, como si fuera el cauce de un río que, aunque no lo controlamos, nos invita a fluir?
  • ¿Cómo sería verlo desde la justicia y la facilidad, como un jardín que crece ordenado y nos muestra que también hay caminos donde la vida se despliega sin resistencia?

Entonces, la ficha que cae no es solo una idea o una revelación: es también un recordatorio. Nos dice que no siempre podemos cambiar las reglas del juego, pero sí podemos elegir cómo movernos dentro de ese tablero. Podemos distinguir si con nuestras acciones aportamos a que algo sea menos difícil o menos injusto, o si sin querer terminamos sumando más peso.

El acto de distinguir es lo que abre espacio a la transformación. La ficha cae, nos despierta, nos hace ver. Y cuando eso pasa, ya no podemos mirar igual: se abre la posibilidad de armonía incluso en medio de lo complejo, porque al nombrar lo que es, empezamos a cambiar lo que puede ser.

Y sí al final, después de tantas fichas que caen, descubro que también puedo mirar el tablero de otra manera.

Donde antes veía lo injusto, puedo invitar a la aceptación.

Y donde antes estaba lo difícil, puedo elegir el actuar de manera amorosa.

Ese cambio de ejes no borra lo vivido, pero abre un espacio distinto. Ya no se trata solo de resistir lo duro o cargar con lo injusto, sino de cultivar una práctica más serena: aceptar lo que es, sin juicio, y moverme con amor en lo que hago.

Tal vez ahí está el verdadero sentido de las fichas que caen: no solo mostrarme lo que es, sino recordarme que siempre hay otra manera de ver y de actuar.

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