El Hogar

¿Dónde está nuestro hogar?
Una pregunta que me surge al leer Aquello que no podemos decir, novela escrita por Kelly Rimmer. Según la autora, nuestro hogar lo podemos crear donde sea. Estoy de acuerdo con esta afirmación si consideramos que el mundo es la casa de todo ser humano; que no deberían existir fronteras físicas ni emocionales que nos separen, sino espacios compartidos que nos unan.

Me gustaría compartir algo respecto a lo que, personalmente, considero como hogar. Yo lo vivo primero como una sensación, luego como un espacio y finalmente como un lugar. Hogar representa la posibilidad de sentirnos cómodos, seguros, respetados, amados, en paz. Estoy convencido de que propiciar esta sensación es una responsabilidad personal. Una responsabilidad que implica buscar la forma de mantenernos unidos en nuestra esencia individual, mirándonos tal como somos, reconociendo que dentro de nosotros existen elementos luminosos y también otros que no lo son tanto —eso que Jung llama nuestra sombra—, y que logremos asentir a todo eso que somos, sin excluir nada, sin juicio alguno que provoque una división interior. Eligiendo hacer con ello lo mejor que podamos, entonces podemos sentir que estamos en nuestro hogar: nuestro hogar personal.

Luego se presenta la posibilidad de conformar o construir un espacio físico al que podamos llamar hogar. Un espacio compartido con aquellas personas con quienes tenemos un vínculo sanguíneo y/o una historia significativa en común. La tarea es similar: reconocer a todas esas personas, tal como son, como parte de nuestro sistema o entorno más cercano. También asentir a ellas, a pesar de las diferencias, respetando a cada una y el lugar que le corresponde, fortaleciendo los lazos que nos unen y trabajando para minimizar o desaparecer cualquier frontera que pudiera impulsarnos hacia la separación.

Este es el hogar como espacio: ese que generalmente experimentamos o vivimos inicialmente en nuestra familia de origen, luego en nuestra familia nuclear, y en el que también podemos sentirnos cómodos, seguros, amados, respetados, en paz. En ocasiones tenemos este espacio y no alcanzamos a identificarlo como nuestro hogar, pues lo que vivimos ahí representa lo contrario: donde no existe respeto ni seguridad, donde es poco probable que nos sintamos amados y en paz. A ello también contribuye, de alguna forma, cada uno de los miembros del sistema.

Finalmente, está el hogar como un lugar. Y aquí coincido con Kelly Rimmer cuando dice que lo podemos crear donde sea: en México, en cualquier rincón de nuestro hermoso país, o en cualquier otra parte del mundo. Para poder crearlo donde sea, me parece indispensable que antes nos ocupemos de nuestro hogar interior y de nuestro hogar como espacio. Si no logramos construir este hogar en esos dos sentidos, no importa el lugar en que nos encontremos: será poco probable que logremos crear eso que llamamos hogar, ni podremos sentirnos en él.

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