De la dependencia y la autosuficiencia hacia el balance.

Compartiendo con un grupo de alumnos el tema de la relación de pareja, hablábamos de la importancia de mostrarnos dispuestos al intercambio si lo que buscamos es mantener dicha relación y abonar a su crecimiento, propiciar que se convierta en un espacio que nutra a quienes están en ella. Me surgió entonces una reflexión que me parece relevante, pues en esta disposición al intercambio puede aparecer una dinámica de dependencia —o codependencia— o una dinámica muy diferente que identificamos como autosuficiencia, y cuyos efectos suelen generar relaciones poco favorables, con pronósticos desalentadores.

En un extremo podemos apreciar los efectos que se generan cuando la relación se caracteriza básicamente por una dinámica de dependencia o codependencia, en la que una de las personas (o ambas) mencionan no poder/querer hacer nada sin la participación del otro, en cuyo caso aplica esa frase romántica que a veces es tan socorrida: “Sin ti me muero”. Uno de los efectos más fuertes —desde mi perspectiva— es que a quien se le dice esta frase se le entrega una carga muy pesada que, al ser asumida, se convierte en un grillete que le atrapa en la relación, le quita su libertad, le convierte en una sombra de su pareja.

En el extremo opuesto encontramos relaciones de pareja que se establecen mediante una dinámica de autosuficiencia, en donde una de las dos partes (o ambas) expresa a través de sus actitudes o acciones un mensaje que es letal para cualquier relación: “No te necesito”. Si tu pareja te “dice” constantemente esta frase —aunque lo haga con una buena intención y sin ser consciente de ella—, uno de los efectos más probables es que te sientas rechazado y aparezca un impulso de poner distancia de por medio, pues, si no hay nada en ti que pueda ser apreciado y recibido por tu pareja, ¿qué sentido tiene permanecer en esa relación?

Ambas dinámicas tienden a generar un deseo de poner distancia de por medio. Un efecto será que, tarde o temprano, la relación morirá si se mantiene en una de estas dos dinámicas, pues no es sano ni grato sentir que se está cargando al otro, que se está obligado a hacerse responsable por él/ella, o sentirse rechazado, inútil, inservible, porque el otro no te necesita para nada. Esto representa una invitación para que reconozcas si tu relación de pareja se caracteriza por alguna de estas dos dinámicas y, en caso de que tu decisión sea abonar a una relación sana, nutridora, puedas hacer los ajustes necesarios para ello.

Si la dependencia y la autosuficiencia no son el camino que conduce a relaciones de pareja saludables, ¿cuál es la opción, entonces? Me parece que lo que abona a una relación saludable sería que ambas partes se reconocieran como individuos completos, capaces, dignos, asumieran la parte de responsabilidad que les corresponde, hacerse cargo de sí mismas; una dinámica en la que ambas partes elijan conscientemente disponerse al intercambio, haciendo saber al otro que, a pesar de ser un individuo completo, digno, capaz, hay algo que requiere de él/ella, algo que les permita enriquecerse, complementarse, sentirse alguien importante para ese otro.

Una dinámica en la que ambas partes saben que, aunque el otro no es indispensable, sí es necesario cuando se trata de establecer y mantener una relación nutridora, necesario si lo que ambas partes desean es compartir su vida con ese otro. BALANCE es la palabra que describe este tipo de dinámica, palabra que puede entenderse con facilidad y que representa todo un reto para quien elige vivir en pareja.

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