“Conócete a ti mismo”, frase que se atribuye a Sócrates, filósofo griego que vivió hace más de dos mil años, sigue siendo vigente. Muchas personas la han asumido como propia en la búsqueda del entendimiento; sin embargo, desde mi perspectiva, el autoconocimiento nos brinda algo más relevante que entendimiento, pues concuerdo con lo que alguna vez expresó Jacobo Grinberg:
“La libertad viene del conocimiento de ti mismo. Mientras más te conoces, más libre eres; más puedes ejercer esa libertad”.
De aquí la relevancia de los procesos terapéuticos que acompañan a las personas en su camino de autodescubrimiento, pues les ayudan a lograr una mayor comprensión de sí mismas, un entendimiento más amplio de por qué hacen lo que hacen y cómo es que están logrando los resultados que tienen en el momento presente de sus vidas.
He tenido el privilegio y el honor de acompañar a muchas personas en sus propios caminos para lograr este autoconocimiento. He sido testigo de cómo muchas de estas personas han alcanzado un nivel de libertad que les permite vivir con mayor consciencia, con menos ataduras y con más posibilidades de elegir conscientemente aquello que les favorece, aquello que representa un camino más ligero para alcanzar los resultados que desean para su vida y para la vida de quienes vienen detrás de ellas.
Es un hecho, al menos para mí, que existe algo que llamamos inconsciente colectivo, que contiene toda la información generada a partir de la existencia del ser humano (y quizá mucho más anterior a ella). Es un hecho también que estamos vinculados, directa o indirectamente, a las historias y dinámicas de vida de todos nuestros ancestros, y que algunas de estas historias y dinámicas son favorecedoras para nosotros, mientras que otras no lo son tanto, en el sentido de que se convierten en ataduras u obstáculos para lograr los resultados que conscientemente deseamos.
Explorar los eventos que vivieron nuestros ancestros (positivos y no tan positivos) y las diferentes maneras en que afrontaron aquello que vivieron, las decisiones que tomaron, así como las consecuencias que estas les provocaron, nos ayuda a tener un mayor entendimiento y a conocernos con una mayor consciencia. Esto nos permite darnos cuenta de que, en toda esa historia, existen recursos valiosos para enfocar la vida de una manera saludable, y también nos permite identificar aquello que representa una atadura o un obstáculo para nuestro bienestar y el bienestar de nuestros hijos.
Con esta mayor consciencia, con este autoconocimiento, lo que logramos es precisamente la posibilidad de aligerar nuestro camino, de ejercer nuestra libertad para continuar haciendo las cosas que representan beneficios y dejar de hacer aquellas que no significan ningún resultado favorable. Conectamos con nuestra libertad y con la posibilidad de ejercerla de maneras más saludables y responsables, enfocando en la continuidad de la vida y conectando, a un nivel profundo, con nuestro propósito en ella.
Esto es lo que sucede cuando apostamos al autoconocimiento: mientras más nos conocemos, generamos mayor libertad; esa que nos permite elegir conscientemente qué lealtades mantener y cuáles cambiar, a fin de vivir de formas más plenas, satisfactorias y felices. Esto es lo que convierte al autoconocimiento en algo no solo deseable, sino indispensable para cualquier persona. Y cada quien también es libre de elegir el o los caminos para continuar con sus procesos de conocerse a sí mismo.
Lo importante es que hagamos lo que esté a nuestro alcance para descubrir quiénes somos, qué es lo que realmente le da sentido a nuestras vidas, qué cosas nos favorecen y cuáles no, qué caminos elegimos recorrer con la finalidad de conectar con nuestra propia fuerza y con la fuerza de todos los que estuvieron antes que nosotros, asumiendo la responsabilidad que nos corresponde y las consecuencias que nuestras decisiones provocan, reconociendo que estamos conectados con todos y contenidos por algo mucho más grande que nosotros.